El poder de las coincidencias: significado, intuición y sincronicidad

«La mente intuitiva es un don divino, y la mente racional es su fiel servidora. Hemos creado una sociedad que honra a la servidora y se ha olvidado del don». – A. Einstein
«Hay que mantener la mente abierta, pero no tanto como para que se te salga el cerebro». – I. Asimov
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- ¿Alguna vez te has topado con alguien a quien no veías desde hacía mucho tiempo, justo después de haber pensado en esa persona unos minutos antes?
- ¿Alguna vez has abierto al azar un libro o un periódico y has encontrado exactamente la información que necesitabas en ese momento?
- ¿Y nunca te ha llamado la atención una frase o una expresión inusual, para luego escucharla repetida varias veces a lo largo del día en situaciones completamente diferentes?
- ¿Te ha pasado alguna vez que alguien te haya devuelto una deuda que habías olvidado justo cuando lo necesitabas?
- ¿O que hayas descubierto la solución a un problema mientras charlabas con un desconocido mientras esperabas el tranvía?
- ¿Y cuántos cambios y decisiones importantes se han producido a lo largo de tu vida a raíz de pequeños acontecimientos aparentemente aleatorios?
Si, como creo, esto te ha pasado y te ha llamado la atención, entonces estás listo para aprender a aprovechar
EL PODER DE LAS COINCIDENCIAS.
Antes de continuar, conviene hacer una observación preliminar. Se ha dicho que el propósito del conocimiento no es heurístico, sino hedonista; en otras palabras, cuando encontramos una explicación para un fenómeno, no buscamos tanto establecer una «verdad» como encontrar un modelo coherente que satisfaga nuestra necesidad de una explicación del fenómeno observado.
Por ejemplo, cualquier escolar de la antigua Grecia «sabía» que el rayo era la expresión de la ira de Zeus, mientras que cualquier escolar contemporáneo «sabe» que es el producto de nubes con carga eléctrica.
Ahora bien, francamente, no veo una gran diferencia entre los dos modelos, ya que ambos sirven perfectamente para proporcionarnos una explicación de un fenómeno dado; sobre todo, ninguno de ellos cambia el hecho de que, si me alcanza un rayo, arderé en llamas.
Digo esto porque cada vez que abordamos un tema «limítrofe», es bastante fácil caer en dos errores opuestos pero extremadamente comunes: uno es el del escepticismo excesivo, que nos lleva a negar todo lo que no podemos analizar y medir, y a descartarlo como superstición del pasado; el otro es creer acríticamente todas las tonterías que llenan las páginas de los periódicos sobre parapsicología, ovnis, videntes, etc.
Jung y la idea de la sincronicidad
El fenómeno de las coincidencias ha sido analizado a fondo por el psicólogo Carl Jung, quien denominó «sincronicidad» a la relación entre dos acontecimientos vinculados por el significado, pero no por una conexión de causa y efecto.
Como cualquier otro fenómeno, la sincronicidad puede explicarse en función del sistema de creencias y la cosmovisión que cada uno de nosotros tiene, es decir, en términos probabilísticos, místicos, racionales, psicoanalíticos, históricos, mecánicos, religiosos y de otro tipo.
Un análisis exhaustivo que satisfaga todas estas perspectivas requeriría, obviamente, mucho más espacio que un artículo de periódico y, una vez más, solo serviría para satisfacer nuestra necesidad de encontrar una explicación; me parece mucho más interesante encontrar una respuesta a dos preguntas:
1) ¿Existe algo así como una «coincidencia significativa»?
2) Si existe, ¿podemos encontrar una forma de aprovecharla?
Para la mayoría de los científicos, la respuesta es obviamente no. Las experiencias de este tipo, aunque extrañas y recurrentes, no son más que una expresión normal del azar, una creación —ni divina ni mística— de lo que es posible. El desconocimiento de las leyes de la naturaleza, dicen, nos hace caer presa de creencias supersticiosas, inventando causas sobrenaturales donde no existen en absoluto. De hecho, continúan, la manifestación ocasional de lo que es raro e improbable en la vida cotidiana no solo es posible, sino que, de hecho, es inevitable.
Pero a veces las coincidencias que nos suceden son realmente demasiado poderosas, demasiado ordenadas para ser producto del azar, por mucho que queramos forzar su significado. Entonces, ¿cómo las explicamos?
Los límites del racionalismo puro
De hecho, lo que nuestros científicos ultrarracionalistas parecen ignorar por completo son precisamente los descubrimientos de la física del siglo XX y, sobre todo, las últimas fronteras de la mecánica cuántica, la geometría fractal y la teoría del caos, que nos demuestran que el espacio y el tiempo son conceptos relativos, que el observador influye en lo observado, que existen límites precisos a lo que se puede conocer mediante el método científico clásico y, sobre todo, que las leyes clásicas de causa y efecto operan solo en el nivel más obvio y superficial.
A un nivel más profundo, investigaciones recientes están empezando a demostrar lo que los místicos de todas las religiones nos han enseñado durante milenios: todo lo que existe en el Universo —átomos, células, moléculas, plantas, animales, seres humanos— no existe de forma independiente, sino que participa en una red dinámica de interconexiones cuyo significado apenas estamos empezando a vislumbrar. Dado que no dispongo de espacio para profundizar en este tema, remito a los lectores interesados al extraordinario libro de Fritjof Capra, *El Tao de la física*, y al igualmente esclarecedor *La danza de los maestros Wu-Li*, de G. Zukav (ambos científicos de renombre mundial).
Coincidencias significativas
Volvamos a nuestra pregunta: ¿tienen significado las coincidencias?
Si, como todo parece demostrar a pesar de los escépticos, la respuesta es «sí», entonces debemos estar preparados para dar un giro paradigmático completo en nuestra forma de ver el mundo.
En otras palabras, debemos estar dispuestos a admitir que los acontecimientos no son aleatorios, sino que siguen un diseño preestablecido que depende de nosotros descubrir y utilizar.
Por supuesto, dejaré que cada uno de vosotros responda a la pregunta «¿Quién determina las coincidencias?» como mejor os parezca: Dios, el karma, el inconsciente colectivo, la suerte, el destino…
Lo importante es darse cuenta de que:
a) las coincidencias existen;
b) contienen un mensaje;
c) este mensaje debe ser descifrado;
d) reconocerlas y comprenderlas depende de nuestro estado mental.
A partir de aquí, me abstendré de dar más explicaciones y simplemente os pido que intentéis verificar lo que digo en la práctica, reiterando que los resultados solo pueden llegar a nivel intuitivo y con una mente abierta y receptiva.
¿Está el universo intentando decirnos algo?
Así pues, la próxima vez que nos encontremos con una coincidencia que nos sorprenda, en lugar de restarle importancia o pensar en fenómenos paranormales, podemos preguntarnos: «¿Está el universo intentando decirme algo?», «¿Por qué ha ocurrido esto?», «¿Hay algún mensaje que deba comprender?».
Y, con la mayor apertura posible, intentemos escuchar las respuestas que nos llegan desde nuestra mente intuitiva: es probable que el resultado os sorprenda.
Pero si esto funciona tan extraordinariamente bien —como espero que tengas la oportunidad de comprobar—, entonces no podemos evitar la siguiente pregunta: ¿solo las coincidencias más llamativas encierran un mensaje para nosotros? ¿O es que, de hecho, estamos constantemente inundados de mensajes de este tipo, que solo nuestra propia torpeza nos impide reconocer y comprender?
¿Podría ser que todo lo que siempre nos ha parecido trivial y aleatorio oculte en realidad mucho más?
Si sigues leyendo y lo que digo te parece que tiene sentido, entonces quizás estés listo para dar un paso más que podría cambiar por completo tus relaciones con los demás: «¿Podría ser, por casualidad, que cada persona con la que nos encontramos sea, de hecho, una “coincidencia”?»
Cada encuentro lleva un mensaje
Presta atención, porque el cambio de paradigma en este caso es verdaderamente enorme y fundamental: si nada es aleatorio, entonces CADA PERSONA CON LA QUE NOS ENCONTRAMOS TIENE UN MENSAJE PARA NOSOTROS.
La próxima vez que conozcamos a alguien, en lugar de la típica charla trivial llena de tópicos y clichés, intentemos escuchar con la actitud adecuada para ver si tiene algo que contarnos: serás el primero en sorprenderte de cuánta riqueza y potencial hay en nuestros semejantes, si tan solo estamos dispuestos a aceptarlo.
Hay quien dirá que no se puede hablar con cualquier desconocido, y es cierto. Además de decirte que, si estás dispuesto a aceptar esta perspectiva, desarrollarás muy rápidamente la sensibilidad necesaria para entender cuándo es apropiado hacerlo y cuándo no, puedo darte un par de sugerencias para saber cuándo vale la pena buscar el contacto:
a) cuando se produce un contacto visual fugaz
b) cuando sientes que reconoces a alguien a quien nunca has visto antes
c) cuando te encuentras con la misma persona varias veces
Es muy probable que al principio no seas capaz de entender de forma inmediata y clara el mensaje que te envía esa persona, pero si perseveras, los resultados no tardarán en llegar.
Aprender a reconocer patrones
La otra pregunta que nos planteamos fue si era posible utilizar las coincidencias con fines prácticos y de qué manera.
Para ello, te sugiero un ejercicio sencillo:
1) Retírate a un lugar tranquilo durante unos minutos e intenta entrar en un estado de calma mental
2) Define y expresa tu pregunta o deseo con la mayor precisión posible
3) No te preocupes por el «cómo»
4) Vuelve a tus actividades diarias, pero observa lo que te sucede con una actitud de fe y apertura.
5) Si no interrumpes el proceso con ansiedad o miedo, las respuestas y los resultados llegarán más rápido de lo que jamás creíste posible.
No te desanimes si no obtienes los resultados deseados en tus primeros intentos.
El proceso mental, que es fácil de describir con palabras, es mucho más difícil de plasmar adecuadamente en la realidad. En este caso también, es una cuestión de «entrenamiento», de práctica.
Poco a poco, descubrirás que ciertos acontecimientos parecen ocurrir precisamente para llevarte a tu destino deseado. Descubrirás que, a menudo, un acontecimiento aparentemente desastroso esconde un mensaje esencial para tu éxito, que los acontecimientos y situaciones aparentemente adversos pueden convertirse en hitos en el camino de la evolución personal.
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Espero no haber llevado demasiado lejos tu sistema de creencias: en el último número, me tomé la libertad de sugerir que cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir, una que debe ser descubierta; esta vez, añadí que el universo nos proporciona todos los medios para llevarla a cabo, si tan solo sabemos mirar y escuchar de la manera correcta.
Me gustaría ofrecer más ejemplos, sugerencias y explicaciones, pero el espacio no lo permite: espero haber estimulado tu mente intuitiva lo suficiente como para que no sean necesarios.
Buena suerte con tu trabajo y… felices coincidencias.


