El secreto del carisma: la alineación interna y el focus en el potencial

Nuestro miedo más profundo no es el de ser insuficientes. Nuestro miedo más profundo es el de ser infinitamente poderosos. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta. …
Hemos nacido para manifestar la gloria de Dios que hay en nuestro interior. No está solo en algunos de nosotros; está en todos. Y al dejar que nuestra propia luz brille, inconscientemente damos permiso a los demás para que hagan lo mismo. A medida que nos liberamos de nuestro propio miedo, nuestra presencia libera automáticamente a los demás. – Nelson Mandela, discurso presidencial
El misterio del magnetismo personal
Siempre me ha fascinado por qué algunas personas —que no son especialmente dotadas en términos de educación, inteligencia, apariencia física o riqueza— logran ejercer una influencia extraordinaria sobre quienes conocen, mientras que otras, que son objetivamente mucho más «dotadas», no logran nada.
Algunas, sin razón aparente, ganan salarios más altos, obtienen mejores notas en los exámenes, tienen éxito con el sexo opuesto y, en general, encuentran personas dispuestas a seguirlas.
Este don, al que podemos llamar magnetismo personal, atractivo sexual, encanto, vitalidad o influencia, se resume en la palabra «carisma».
«Carisma» es una de esas palabras —como belleza, poder o simpatía— que todos reconocemos pero nos cuesta definir.
Deriva de Charis, una de las tres Gracias de la mitología griega, y se refiere a los dones o atributos divinos que cada uno de nosotros posee en nuestro interior. En este sentido, la palabra carisma fue utilizada por primera vez por San Pablo en su Primera Carta a los Corintios, y se refiere a los dones del Espíritu concedidos a aquellos que iban a ser responsables de difundir la Buena Nueva.
Por cierto, comparte exactamente la misma raíz etimológica que «entusiasmo» —«en-theos»—, que significa liberar al Dios que hay en nosotros.
El entusiasmo y la chispa divina
Está claro que aquí no podemos abordar temas que toquen nuestras creencias más profundas; y, sin duda, la frase «liberar al Dios que hay en nosotros» significará cosas diferentes para cada lector. Pero independientemente de nuestras creencias, todos somos conscientes de que podríamos hacer, lograr, expresar y crear mucho más si tan solo tuviéramos el valor de enfrentarnos a las creencias falsas, a los límites que nos imponemos a nosotros mismos y al condicionamiento externo…
Conducir con el freno de mano puesto
Lo que debemos comprender es que nuestra mente está compuesta por muchos compartimentos, cada uno con su propia función y objetivo, y que estos objetivos a menudo pueden entrar en conflicto entre sí.
Forzar un comportamiento en una dirección concreta cuando estos compartimentos no están alineados significa luchar contra uno mismo: este comportamiento equivale a intentar levantar un peso mientras se contrae simultáneamente el músculo antagonista, o a conducir un coche con el freno de mano puesto.
Sin duda, una de las dos fuerzas prevalecerá, pero el rendimiento será inevitablemente pobre y el desperdicio de energía enorme.
Desde un punto de vista muscular, la máxima eficiencia física no se logra tanto contrayendo más el músculo activo, sino mediante la capacidad de relajar los músculos antagonistas.
Cuando esto ocurre —es decir, cuando el movimiento no se ve obstaculizado por tensiones parásitas—, la eficiencia se maximiza y la utilización de la energía es óptima.
Psicológicamente, esta eficiencia se alcanza cuando las partes de nosotros que persiguen una meta no se ven obstaculizadas por diversos tipos de bloqueos ni por objetivos internos que entran en conflicto con el objetivo principal.
La clave de todo es centrarse en el resultado y la alineación de todas nuestras partes con él.
Alineación: La física del verdadero carisma
Una persona perfectamente alineada irradia una energía particular, que se denomina carisma.
En cualquier caso, lo que realmente importa es el autoconocimiento. Sin duda, algunos comportamientos aparentemente inexplicables tienen raíces profundas; pero ahondar en los recovecos de la propia psique puede convertirse en un juego peligroso y, sobre todo, en un ejercicio fútil que es un fin en sí mismo.
La alineación de las propias energías se deriva esencialmente de la aceptación del verdadero yo, el descubrimiento de la propia singularidad y el valor para expresarla.
Por supuesto, somos producto de la genética y la educación, y nuestra educación puede habernos inculcado hábitos que ya no nos sirven hoy en día.
Sin la educación, no seríamos quienes somos, pero la educación no es más que un proceso destinado a descubrir y utilizar el propio potencial; es decir, algo que ya existe y que solo espera ser liberado.
Por lo tanto, la única forma de expresar plenamente el propio carisma es a través del descubrimiento, la aceptación y la expresión de lo que nos hace ser quienes somos, lo cual es exactamente lo contrario de la constante autocrítica a la que nos sometemos.
Volveré a este concepto a menudo, porque nada me entristece más que el talento sin explotar, el potencial sin desarrollar y las habilidades bloqueadas por el pesimismo y el miedo.
El ejercicio del potencial puro
Así pues, para el ejercicio de hoy, te pido que intentes hacer una lista; no la lista habitual de lo que te gustaría o deberías hacer, sino una de lo que PODRÍAS hacer.
Haz un experimento, sin sentirte obligado a llevar a cabo lo que escribas; solo quiero que te des cuenta de que cada uno de vosotros tiene a su disposición una fantástica variedad de opciones y posibilidades.
Deja volar tu imaginación y escribe… y quizá te des cuenta de que lo que has escrito es solo una parte infinitesimal de lo que realmente podrías hacer, si tan solo decidieras actuar en esa dirección…
Esta vez no reprimamos nuestra creatividad con planes, análisis y críticas, y permitámonos, solo por una vez, conectar con el campo de puro potencial que se extiende ante nosotros.
Ahí lo tienes: el primer paso real hacia el carisma es empezar a percibir este campo. Y reconocer —sí, esa es la clave— la chispa divina que brilla en nuestro interior, esperando a ser liberada.
Saludos cordiales
by Bruno


