Michelangelo y el prisionero en la piedra

Ogni blocco di pietra ha una statua dentro di sé ed è compito dello scultore scoprirla” – Michelangelo
(Cada bloque de piedra esconde en su interior una estatua, y la tarea del escultor consiste en descubrirla)
El trabajo de un escultor siempre me ha parecido sumamente fascinante. Piénsalo por un momento: tienes delante de ti un bloque de mármol y empiezas a tallarlo con un cincel. Poco a poco, de la piedra empieza a surgir una «forma», la piedra empieza a tener un «significado», y esta forma y este significado representan la materialización de una idea que tenías en tu mente, así como la manifestación en el plano físico de tu poder creativo. Es algo que nos hace similares a los dioses.
Este proceso puede parecer trivial, pero hay algunos aspectos que merecen ser explorados: el bloque de mármol es un espacio de potencialidad infinita, contiene un número infinito de estatuas de las cuales solo una se materializará. Es interesante señalar que esculpir una estatua es un proceso que no implica una «creación» real, ya que la estatua YA está dentro de la piedra, sino que implica la eliminación de todo lo que es innecesario y que impide que la estatua salga a la luz y se manifieste.
Este espacio de potencialidad infinita tiene límites prácticos: los más obvios se refieren al tamaño de la piedra. Si bien es cierto que cada piedra contiene un número infinito de estatuas, está claro que la estatua que será «liberada» tendrá limitaciones inherentes debido al tamaño del bloque.
Otros límites pueden depender de la capacidad técnica del escultor: puede suceder que visualicemos una escultura, que sin duda se encuentra dentro del mármol, pero que no seamos capaces de materializarla debido a nuestra incapacidad. Pueden surgir otras limitaciones debido a errores de orientación: tal vez partimos de un tema, pero tras un tiempo nuestra creatividad nos ha llevado por otros caminos; por desgracia, la piedra no es arcilla, y lo que se ha eliminado, se ha eliminado para siempre. Sin duda, si nos limitamos a cincelar al azar y eliminamos material sin tener en mente una visión, difícilmente podremos producir algo de valor.
Lo que es cierto es que, en cualquier momento, independientemente del tamaño de la piedra o de la forma deformada que haya adquirido debido a errores de técnica y orientación, esta piedra seguirá conteniendo un número infinito de estatuas potenciales y —igualmente cierto— contiene una escultura que puede convertirse en una obra maestra. Entonces, es responsabilidad del escultor elegir entre centrarse en esta obra maestra potencial o dispersar la atención en las estatuas que no puede completar debido a estas limitaciones y, por lo tanto, victimizarse a sí mismo. Es su elección, y la decisión de centrarse en las potencialidades en lugar de en los límites representa la verdadera esencia del libre albedrío.
Nosotros también tenemos un bloque de piedra que tallar: nuestra propia vida. En cada momento tenemos un número infinito de posibilidades entre las que elegir y hacer con ellas lo que queramos. Ciertamente, si actuamos de forma aleatoria, difícilmente podremos producir algo que tenga sentido; y, como en el caso del escultor, la manifestación de este valor no es tanto un proceso creativo, sino más bien uno de descubrimiento y liberación de lo que ya somos, aunque eso permanezca oculto por bloqueos emocionales, inhibiciones, miedos y creencias limitantes que impiden la plena expresión del potencial.
Aun así, estas potencialidades son infinitas, sí, pero siguen siendo limitadas. Existen una serie de límites reales, debidos a la situación inicial, la salud, la cultura, los errores del pasado… pero a pesar de estas limitaciones (que a menudo son falsas y solo existen en nuestra mente, pero eso es otra historia), por muy difícil, complicada o sin salida que nos parezca nuestra situación, seguimos teniendo un potencial infinito para manifestarnos, y tenemos la oportunidad de hacer de nuestras vidas algo que pueda representar una obra maestra.
Y la elección entre centrarnos en las posibilidades o en los límites es algo a lo que nos enfrentamos continuamente en la vida: si, debido a un accidente, nos encontramos con las piernas amputadas, está claro que nos enfrentamos a un límite.
Depende de nosotros elegir si pasar el resto de nuestras vidas quejándonos y victimizándonos pensando en lo que no podemos hacer, o elegir centrarnos en las posibilidades y decidir sacar el máximo partido a los recursos que nos quedan, que siguen siendo infinitos. Es nuestra elección y —como en el caso del escultor— es la verdadera esencia del libre albedrío.
Existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre un bloque de mármol para esculpir y nuestra vida, lo que hace que la metáfora no sea del todo comparable. Mientras que el mármol, cuando no se utiliza o cuando el escultor piensa, espera, posterga… permanece inalterado, nuestra vida —mientras esperamos— sigue pasando, y las oportunidades a nuestra disposición disminuyen.
Imagina la escena: estás frente a tu bloque de mármol y, mientras intentas decidir qué hacer, el bloque se va haciendo cada vez más pequeño. Hasta que desaparece.
¿A qué esperas para convertir tu vida en una obra maestra?
By Bruno


