¡Rompe las barreras de tu mente!

¿Alguna vez te has enfrentado a un problema concreto y te has sentido atrapado en ciertos patrones de pensamiento que te impedían encontrar una solución satisfactoria? ¿O has participado en un debate en el que los hechos y las opiniones se entremezclaban de forma caótica, sin llegar a una conclusión concreta? ¿O has necesitado desesperadamente una idea, pero no se te ocurría nada?
En esos casos, ¿no has pensado nunca en lo maravilloso y útil que sería poseer un objeto mágico que te ayudara a pensar y crear con claridad e imaginación?
El método de los seis sombreros
Las historias de fantasía están llenas de objetos mágicos con propiedades inusuales: anillos que te hacen invisible, zapatos encantados que te permiten correr tan rápido como el viento, cadenas que te hacen invulnerable, y así sucesivamente.
¿Por qué no podría haber, por ejemplo, un sombrero que, al ponérnoslo en la cabeza, nos ayudara a generar ideas, evaluar una situación correctamente y encontrar la solución a un problema? Imagina: si estamos confundidos, inseguros, indecisos… ¡voilà! Podríamos ponernos nuestro sombrero mágico y descubrir de repente la idea correcta, la estrategia ganadora, el curso de acción eficaz.
Sí, sin duda, eso sería maravilloso. Por desgracia, por el momento, parece que no tenemos nada parecido a nuestra disposición. Aun así, ¿qué podemos hacer mientras esperamos a que alguien invente el «sombrero pensante»? Sencillo: podríamos imaginar que ya lo tenemos a nuestra disposición. Y ya que hablamos de una fantasía, ¿por qué no imaginar que tenemos varios sombreros, de diferentes colores, cada uno asignado a una función específica del pensamiento?
Esta idea constituye la base de un método para mejorar la eficacia de los debates y el proceso de pensamiento, un método desarrollado por el profesor Edward De Bono, considerado la máxima autoridad mundial en el campo del pensamiento creativo.
La idea de imaginar que, durante un debate o mientras reflexionamos sobre un problema que nos preocupa, nos ponemos sombreros de diferentes colores puede parecer bastante infantil e inútil. Pero antes de descartarla con una sonrisa de suficiencia, considere que empresas multinacionales como IBM, Kodak, NTT y Exxon —por nombrar solo las más conocidas— han pagado al profesor De Bono enormes sumas de dinero para que enseñe el método y su aplicación a sus empleados y directivos.
¿Cómo funciona el método?
Obviamente, no podemos entrar en demasiados detalles en un artículo de dos páginas, pero los principios básicos son extraordinariamente sencillos y, una vez comprendidos, permiten obtener resultados inmediatos e inesperados. Básicamente, consiste en imaginar que tenemos seis sombreros de diferentes colores, cada uno correspondiente a una función específica del pensamiento, a saber:
El sombrero blanco: evaluación objetiva de las situaciones: hechos, cifras, información. Con este sombrero puesto, es más fácil ver las cosas tal y como son, sin opiniones, interpretaciones, críticas ni emociones;
El sombrero rojo: se refiere a emociones, sensaciones e intuiciones. Cuando pensamos con el sombrero rojo puesto, no hay necesidad de ofrecer ninguna justificación;
El sombrero negro: pensamientos negativos, críticas, pesimismo, todo lo que puede salir mal. (Aquí no hay necesidad de demasiadas explicaciones, ya que parece que mucha gente siempre lleva puesto el sombrero negro);
El sombrero amarillo: oportunidades, pensamientos positivos, optimismo. Con este sombrero puesto, debemos pensar en positivo y ver solo las ventajas de la situación;
El sombrero verde—creatividad, pensamientos inusuales, hipótesis fantásticas, lluvia de ideas. Con el sombrero verde puesto, no hay límites para tus pensamientos (siempre tendrás tiempo de ponerte el negro más tarde).
El sombrero azul—permite observaciones sobre los pensamientos y su corrección. Controla el uso de los sombreros.
Así pues, ya sea durante un debate o en una reflexión personal, imaginemos que nos ponemos uno de los sombreros a nuestra disposición y, de este modo, abordamos el problema desde la perspectiva adecuada. Cuando nos parezca que la función del sombrero que estamos «llevando» ha terminado, cambiamos a otro color. Esto no nos impide, por supuesto, volver, si es necesario, a un sombrero que «ya se ha utilizado» (esta es precisamente la función del sombrero azul: coordinar el uso de los sombreros).
A pesar de su aparente simplicidad, este método nos permite lograr resultados extraordinarios, especialmente en lo que se refiere a los debates en grupo, donde con demasiada frecuencia nos centramos más en defender nuestro propio punto de vista que en trabajar juntos para encontrar la mejor solución creativa.
¿Por qué ha demostrado ser tan eficaz este método?
En primer lugar, porque nos permite adoptar y abandonar un rol específico (emocional, crítico, optimista, creativo, etc.) sin sentirnos personalmente involucrados. De hecho, ponernos un «sombrero» (por así decirlo) nos permite «desempeñar el papel» sin vernos limitados por nuestras restricciones habituales.
Por ejemplo, es posible que alguien no se sienta cómodo expresando emociones aparentemente irracionales en relación con un asunto de negocios, mientras que, si se le «obliga» a ponerse el sombrero rojo, lo hará con total libertad.
O tal vez tengamos miedo de plantear una idea nueva y aparentemente extraña, pero con un sombrero verde «en la cabeza», nos sentimos realmente animados a hacerlo.
O, más concretamente: por lo general, criticar y recibir críticas conduce a discusiones, insatisfacción y a la defensa de las respectivas posiciones. Pero si esta crítica se ofrece «con el sombrero negro puesto», el aspecto negativo de esta acción se considera un paso necesario para desarrollar una idea.
La segunda razón de su eficacia es que el método nos permite analizar un problema desde todos los ángulos, centrándonos cada vez en un único aspecto, mientras que, por lo general, estas funciones se solapan, se mezclan entre sí y se descuidan otros aspectos.
Por ejemplo, cuando trabajamos en la fase del «sombrero blanco», debemos limitarnos a analizar los hechos y no se nos permite expresar opiniones o sentimientos personales en absoluto. Si utilizamos el sombrero verde, podemos dar rienda suelta a nuestra capacidad inventiva, sin temor a ser criticados o a hacer el ridículo.
Otra razón es la comodidad del método. La metáfora de los sombreros es un sistema óptimo para pedirnos a nosotros mismos o a los demás que «cambiemos de marcha»: a veces, cuando nos sentimos atascados en una situación negativa y aparentemente desesperada, «cambiar de sombrero» puede ser la forma más sencilla de encontrar una solución. Y, a la inversa, a veces pensar con el «sombrero negro» puede ser una forma muy eficaz de detener a tiempo acciones imprudentes, causadas por un optimismo excesivo o la codicia.
Además, al utilizar este método con frecuencia, es posible crear una especie de reflejo condicionado, lo que hará que el proceso sea cada vez más eficaz. Es decir, si «ponerse» el sombrero verde significa dar rienda suelta a la creatividad y usar el sombrero blanco significa evaluar objetivamente la situación, al cabo de un tiempo, la mera idea de ese sombrero puede ayudarnos a estimular la creatividad o la capacidad analítica, revelando posibilidades inesperadas.
Por último, estos «seis sombreros para pensar» nos permiten establecer una especie de «conjunto de reglas» y descubrir que pensar, además de ser una función útil y productiva, también puede ser una fuente de diversión, e incluso más que eso…


