Cuando elijas un objetivo, ¡apunta a la luna!

«Nunca se te da un deseo sin que también se te dé el poder para hacerlo realidad. Sin embargo, es posible que tengas que esforzarte para conseguirlo».
Richard Bach
Si quieres construir una casa, tienes que trazar un plano.
Si quieres montar un negocio, tienes que preparar un plan de marketing.
Si quieres irte de viaje, tienes que trazar un itinerario.
Si quieres alcanzar el éxito deportivo, debes seguir un programa de entrenamiento.
Es cierto que, a veces, una persona especialmente dotada (o afortunada) puede lograr resultados «improvisando». Sin embargo, ningún proyecto complejo se ha completado con éxito sin una planificación previa cuidadosa. Por otro lado, basta con mirar a nuestro alrededor para ver cuáles pueden ser los resultados de una mala planificación.
No es de extrañar, pues, que cuando se trata de objetivos personales, una planificación cuidadosa aumente enormemente las posibilidades de éxito.
Se han escrito cientos de libros sobre el «arte» del éxito. En particular, los defensores del «sueño americano» proponen constantemente «recetas» que no son más que variaciones de un algoritmo bastante sencillo:
1. Decidir cuál es el objetivo;
2. Elaborar un plan para alcanzar este objetivo;
3. Poner en práctica todas las habilidades, la ambición y la paciencia necesarias
A esta fórmula, que muchos consideran casi «perfecta», yo añadiría, como punto 4, la flexibilidad para cambiar el plan si es necesario. Por supuesto, surge la pregunta: «Si las cosas son tan sencillas, ¿por qué hay entonces tan pocas personas que triunfan?»
Por qué es tan difícil fijarse metas
En realidad, parece que los «gurús del éxito» no tienen en cuenta el hecho de que los mayores problemas no suelen surgir al perseguir una meta, sino en la etapa preliminar, al intentar fijarla y elegirla.
Para la mayoría de nosotros, la tarea de fijarnos metas personales resulta extremadamente difícil. ¿Por qué?
En primer lugar, porque cuando pensamos en fijarnos una meta, en realidad tenemos que tomar decisiones importantes sobre lo que haremos con nuestras vidas, y esto conlleva, naturalmente, implicaciones a las que no es fácil enfrentarse.
El segundo problema es que la libertad de la que disponemos siempre hace que la elección sea más difícil. En última instancia, elegir una meta implica un proceso de análisis a través del cual renunciamos a multitud de otras posibilidades. Para muchos de nosotros, este proceso de selección provoca malestar psicológico, ansiedad y, en casos extremos, incluso una «parálisis» de la voluntad. Por último, dado que nos bombardean constantemente con información, nos resulta bastante difícil emitir un juicio «con la cabeza fría».
Metas que elegimos frente a metas que se nos imponen
Los medios de comunicación nos presentan, a través de todos los canales, un determinado modelo de éxito y estilo de vida al que se nos empuja gradualmente a conformarnos, aunque esto no se corresponda en absoluto con nuestras necesidades más profundas o nuestra constitución psicológica.
Si consideramos el proceso de fijación de objetivos, debemos tener en cuenta que estos están directamente vinculados a nuestra visión del mundo y a nuestro propio sistema de valores. Se trata, por supuesto, de un asunto extremadamente personal que cada uno de nosotros merece examinar más de cerca. En este artículo, pretendo compartir parte de mi perspectiva, con la que no tienes por qué estar necesariamente de acuerdo.
Me tomo esta libertad porque encuentro esta idea extremadamente motivadora y sigo convencido de que lo que importa más que los fundamentos realistas de una visión es su grado de utilidad.
Descubrir tu misión personal
Mi convicción es que cada uno de nosotros tiene una «misión» en la tierra y ha nacido con todas las cualidades necesarias para cumplirla con éxito. Esta «misión» no se puede elegir; hay que descubrirla.
Descubrir la «misión» personal puede ser una tarea para toda la vida, y esto significa que, a veces, el descubrimiento de la misión es más importante que el proceso de cumplirla. Los objetivos a corto y medio plazo que nos fijamos —es decir, al comienzo de cada día o semana— deberían ayudarnos a recorrer un nuevo tramo del camino hacia el cumplimiento de nuestra misión.
La diferencia entre el logro y la realización
Estoy convencido de que este es el secreto de lo que llamamos satisfacción personal.
Alinear nuestras acciones con el camino hacia el cumplimiento de nuestra misión crea una sensación de bienestar, mientras que la disonancia entre los objetivos que nos fijamos y nuestra misión personal es, casi con toda seguridad, la principal causa de insatisfacción.
Por supuesto, ofrecerte consejos para encontrar tu misión sería una muestra de orgullo excesivo.
Preguntas que revelan tus verdaderas aspiraciones
Por eso solo puedo sugerirte algunas preguntas que pueden servir como «principios rectores».
Cuando tengas unas horas libres y te apetezca reflexionar un poco, coge un lápiz y unas hojas de papel y haz los siguientes «ejercicios»:
1. Describe tu día ideal: con quién te encontrarías, qué harías, adónde irías. Intenta incluir tantos detalles como sea posible, especialmente en lo que respecta a los sentimientos que experimentarías.
2. Describe tu entorno ideal. A continuación, intenta describir cómo sería el lugar perfecto para ti.
3. Haz un «inventario» de tus sueños sobre lo que te gustaría ser, hacer y lograr. La pregunta clave que debes plantearte es: «¿Qué haría si supiera que no puedo fracasar?» Escribe sin parar durante al menos 15 minutos, intentando no ponerte ningún límite. Si te ayuda, te sugiero que imagines que has encontrado la lámpara de Aladino y que, como resultado, el «genio» está a tu servicio: pon todos tus deseos sobre el papel —sociales, profesionales, materiales, espirituales, emocionales, etc.
Cuando hayas terminado estos tres ejercicios, intenta descubrir si hay algo en común detrás de los deseos que has expresado en cada punto, por qué te parece que realmente necesitas esas cosas y, sobre todo, si esos deseos son verdaderamente tuyos o te han sido impuestos desde fuera.
Aprender a reconocer nuestras verdaderas aspiraciones es, por supuesto, un proceso difícil. Ante el «lavado de cerebro» que factores externos —como los medios de comunicación, los sacerdotes, los profesores, los políticos, los padres, etc.— nos administran de forma más o menos directa, las únicas armas con las que podemos defendernos son la introspección y el juicio independiente. Tras «completar» los tres primeros «ejercicios», es casi seguro que ya tengas algunas pistas sobre tu «misión». Partiendo de ahí, podemos continuar con los siguientes puntos.
4. En cuanto a los objetivos personales que consideras verdaderamente importantes, anota una estimación del tiempo que necesitarás para alcanzarlos. Siempre que hablamos de objetivos, debemos tener en cuenta el «plazo» en el que nos movemos.
5. Elige cuatro de los objetivos más importantes para este año y escribe todo lo que te lleva a considerarlos como tales. Si consigues encontrar razones suficientes y expresarlas con claridad, te darás cuenta de que tienes la capacidad de alcanzarlos. La clave del éxito es, no lo olvidemos, la motivación, que yo definiría precisamente como «motivo en acción».
6. Revisa la redacción del objetivo: a. el objetivo debe estar redactado en sentido positivo; b. debe estar redactado con la máxima precisión; c. es necesario desarrollar un procedimiento de verificación; d. determina las palancas que puedes utilizar para mantener el control de la situación; e. verifica que tu objetivo no entre en conflicto con los intereses legítimos de los demás.
Para utilizar una fórmula típicamente estadounidense, debes asegurarte de que tu objetivo sea «SMART», es decir: específico, medible, alcanzable, realista y con un plazo determinado.
7. Haz una lista de los recursos más importantes de los que dispones. Cada uno de nosotros posee, en mayor o menor medida, recursos en forma de talento, habilidades, relaciones, conocimientos, etc.
Por desgracia, muchas personas no logran aprovechar estos recursos precisamente por falta de organización. Si has tenido experiencias concretas en las que has utilizado estos recursos, describe esas situaciones por escrito. Esto proporcionará pruebas concretas de que posees estos recursos y de que ya los has aplicado con éxito.
8. Describe el tipo de persona en la que debes convertirte para maximizar tus posibilidades de alcanzar los objetivos que has elegido. Los estadounidenses dicen que para ganar un millón de dólares, primero debes convertirte en una persona capaz de ganar un millón de dólares.
La verdadera razón por la que nos fijamos y perseguimos objetivos es la necesidad de autoafirmación y crecimiento personal. Los objetivos en sí mismos no significan gran cosa. Lo esencial es el proceso a través del cual te convertirás en la persona capaz de alcanzarlos.
Los obstáculos que encuentras y superas en este proceso son la fuente de la sensación más profunda y duradera de satisfacción y realización personal.
9. Escribe en unas pocas frases qué es lo que te impide o te ha impedido cumplir tus aspiraciones. Descubrirás que, en la mayoría de los casos, los culpables son los límites que tú mismo te has impuesto. En última instancia, solo hay dos obstáculos para el éxito: la pereza y el miedo. ¡Destrúyelos!
10. Vuelve a los cuatro objetivos principales que te has fijado e intenta planificar las acciones necesarias para alcanzarlos. Si has seguido correctamente el proceso de definición de objetivos, te darás cuenta de que estos objetivos ahora parecen perfectamente alcanzables y no tendrás grandes dificultades para definir una estrategia para ponerlos en práctica.
Por qué los objetivos deben evolucionar con el tiempo
Por supuesto, es muy difícil resumir en un artículo de dos páginas un tema tan importante como la relación entre la «misión» personal y los objetivos que nos marcamos. Me gustaría destacar, sin embargo, que durante los numerosos seminarios que he impartido sobre este tema, he descubierto que el proceso que te he presentado, si se sigue correctamente, puede servir como un buen punto de partida para una mayor conciencia de uno mismo.
Es importante recordar que ninguna de las respuestas que has encontrado es definitiva, sino más bien «temporal», por lo que es necesario repetir este proceso al menos cada tres meses. Será interesante observar cómo cambian tus aspiraciones a medida que alcanzas nuevos niveles de conocimiento y adquieres experiencia.
Por eso creo que es oportuno concluir con un proverbio maya: «Cuando elijas una meta, ¡apunta a la Luna! Aunque no la alcances, estarás rodeado de estrellas».
by Bruno


